Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —Son unos bárbaros: la Inquisición no es para estos tiempos. El mundo marcha.
Esta frase no expresaba para Zapiain más que el contento de vivir tranquilo y satisfecho, sin guerras ni trifulcas.
Uno o dos meses después de llegar yo a Lúzaro, en la relojerÃa se comenzó a hablar a todas horas de las minas de hierro que se estaban explotando en Izarte, y del embarcadero que se iba a construir en un extremo de la playa de las Animas[135].
Estas minas se habÃan descubierto y comenzado a explotar mientras yo estaba viajando. DirigÃa los trabajos un tal Juan MachÃn, hijo de Lúzaro, a quien se recordaba haber conocido holgazaneando por el pueblo.
En mis tiempos de chico, hablaba mucho de minerales y de filones de hierro un señor que se llamaba don Juan Beracochea, de quien la gente solÃa burlarse porque andaba con un criado suyo haciendo excursiones por los montes próximos, y decÃa que los alrededores de Izarte valÃan una millonada.
Beracochea era hombre con tipo de mosquetero: nariz aguileña, barba negra en punta, sombrero de ala ancha y melenas. Llevaba un bastón grueso, cuyo mango era un martillo, y volvÃa de sus paseos con los bolsillos llenos de piedras.