Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Cualquier cosa la confundÃa y la turbaba. Me pareció ser una excelente amiga para Mary y que la tenÃa mucho afecto.
Mary me dijo que ellas iban al faro.
—Si quieren ustedes, las acompañaré.
—Bueno.
Pasamos los tres por el arenal y salimos a la punta del Faro. Me chocó que Mary hablase el vascuence tan bien. ParecÃa una aldeana que no hubiese salido del pueblo. Nos acercamos a la casa del torrero; de pronto Quenoveva comenzó a gritar como un hombre, y corrió a la barandilla del faro, donde habÃa visto a uno de sus hermanos inclinado hacia afuera.
Mary me miró, para ver, sin duda, el efecto que me hacÃan los exabruptos de su amiga.
La casa del torrero y el faro formaban un solo edificio, asentado sobre una plataforma cortada en las rocas. Bajamos a la vivienda por una escalera estrecha y entramos por un corredor con puertas a los lados. Una porción de chiquillos, que andaban chillando y riñendo, se nos acercaron.
El torrero era viudo, y Quenoveva dirigÃa a sus ocho hermanos como a un rebaño, a fuerza de gritos furiosos.