Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Hablamos muy seriamente largo rato. Al cabo de algún tiempo cesó de llover y salimos de la cueva.
—¡Gracias, Egan-suguia! ¡Muchas gracias! —dijo Mary—. ¡No es verdad que comes a los chicos; eres muy buena y prestas tu casa a los que van por el monte! ¡Adiós!
Llegamos a Lúzaro y llevé a Mary a casa de Recalde. Ella estaba tranquila, pensaba que tendrÃa que trabajar pronto. En cambio, mi inquietud era grande. ComprendÃa que estaba enamorado. Mary, casi niña; yo, casi viejo[154], y teniendo que ausentarme continuamente. Mis amores comenzaban mal.
