Las inquietudes de Shanti Andia

Las inquietudes de Shanti Andia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Vamos.

Entramos en la cueva. No estaba, como en mi tiempo, llena de malezas, sino completamente limpia; en el fondo había una cama de paja, de algún pastor.

—¿Dónde estás, Egan-suguia? —dijo Mary—. Ven, que queremos hablarte y darte las gracias porque nos prestas tu casa. ¡No aparece!

—Estará haciendo algún recado —repliqué yo—. Quizá se haya perdido por el monte o ande buscando un paraguas por las calles de Lúzaro.

—¡Pobrecita! ¡En una cueva así debe tener mucho frío! Yo no creo que esa Egan-suguia sea tan mala como dicen. Si se comiera los niños, aquí estarían los huesos, y no hay nada.

—Es que tiene el estómago fuerte y la picara de ella se los traga. Ahora, Mary, ¿qué hacemos? ¿Quiere usted que vaya a Lúzaro y venga con un paraguas?

—No; sentémonos. Ya pasará la lluvia.

—¿Y qué vamos a hacer?

—Hablaremos.

Nos sentamos en el suelo.

Mary me preguntó adónde iba a llevarla; le dije quién era la mujer de Recalde y cómo vivía; luego me interrogó acerca de lo que pensaba hacer yo; le expliqué cómo tenía que embarcarme, lo que ganaba, cuándo volvería, todo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker