Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Le seguÃ, y me condujo a una posada de marineros de la calle de la Souris[166], calle estrecha, infecta, sombrÃa. Bajamos unas escaleras, hablamos y bebimos. Sin duda, yo bebà demasiado. Recuerdo que me eché a dormir sobre la mesa, y cuando me quise dar cuenta de dónde estaba, me encontré, como por arte de magia, a bordo de un gran buque, que salÃa en aquel instante de la rada de Brest. Pasábamos por delante del Fuerte del Diablo, cuando oÃmos el cañonazo indicando que se abrÃa el puerto.
El barco en donde estaba era un barco negrero. Me dijeron que me habÃa comprometido la noche anterior en la taberna. Yo, la verdad, no recordaba nada. Después comprendÃ, viendo cómo a otros los cazaban, lo que hicieron conmigo. A unos les emborrachaban sencillamente; a otros les solÃan dar opio y los llevaban a los barcos de noche, por delante de la policÃa, como marineros borrachos.
Ya en el barco me pintaron el porvenir de color de rosa; me dijeron que podÃa hacerme rico, y yo dije: «Bueno, sigamos adelante».