Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia El hombre, en la vida y en el mar, no tiene más que dos caminos: el torcido y el derecho. Mientras se marcha por el camino torcido, es inútil hacer cosas buenas; va uno dando tumbos y tumbos, perdiendo las velas, hasta que queda uno desarbolado. Entonces lo único que hay que hacer es cambiar de derrotero…, si se puede, porque lo demás es inútil.
El barco en donde acababa yo de entrar involuntariamente era un barco moderno para la época: un barco de carga con gran bodega, una verdadera urca holandesa[167], de aquellas que llamaban urcas mayores. DesplazarÃa de seiscientas a setecientas toneladas, tendrÃa unos ciento sesenta o ciento ochenta pies de largo y más de treinta de ancho.
Como barco de carga destinado al transporte de mercancÃas, era un tanto pesado; de figura muy redonda, casi igual a proa que a popa, tenÃa una cubierta, sollado a proa para la marinerÃa, cámaras en popa y todo lo demás preparado para bodega. Como la generalidad de los barcos de entonces, no tenÃa puente; su aparejo era de corbeta o brick-barca de mucho volumen. Navegaba en aquel momento en lastre y enseñaba dos pies de cobre fuera del agua.
Se llamaba El Dragón, nombre que trascendÃa a barco pirata.