Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Yo muchas veces pensé si nuestro capitán estaría loco, porque algunas noches se las pasaba sin dormir, andando por el cuarto, llorando e invocando a la Virgen. Quizá le remordían sus crímenes.
Antes de ser negrero, el Viejo, según decían, había hecho naufragar varios barcos asegurados, llegando hasta exponer su vida[170]. Tantos naufragios seguidos le dieron una buena fortuna y una mala fama. Entonces se dedicó al comercio del ébano.
Zaldumbide llevaba a la tripulación muy derecha, sin que nadie se le desmandara.
Los domingos deseaba que se celebrasen convenientemente, y en estos días se ponía una levita azul, que él llamaba la nueva, y paseaba por la cubierta. Subía al alcázar de proa[171], inspeccionaba el sollado[172], recorría el barco mirándolo todo, riñendo porque no encontraba las cosas bastante limpias, y al final de su paseo escalaba la toldilla de popa[173] y se apoyaba en unos de los cañones. Así permanecía silencioso, sumido en sus pensamientos.
Si en estos días de fiesta algún vasco, imitando a los demás, blasfemaba, Zaldumbide le castigaba cruelmente.