Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —¿Qué hacemos con este hombre? —preguntó el contramaestre.
—Atadlo —contestó el capitán.
Se le ató, a pesar de sus protestas y sus gritos.
—¿Y ahora?
—Ahora, echadlo al mar.
Asà se hizo.
Otra vez habÃamos llegado a la Barbada[187] con un cargamento de bultos de madera de ébano[188]. Estábamos haciendo nuestras señales, cuando en un bote se acercaron a El Dragón dos individuos de la policÃa de aquella isla. El capitán los recibió amablemente, y al mismo tiempo ordenó al negro Demóstenes y a Chim, el malayo, que los matasen. Éstos se echaron como perros, y un momento después iban los dos policÃas al fondo del mar cosidos a puñaladas. En seguida nos alejamos del puerto, y al dÃa siguiente volvimos a hacer el desembarco de los fardos con perfecta tranquilidad.
