Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Pasamos las primeras horas de la noche alerta. En el camarote del capitán habÃan botellas de cerveza, que era bebida que él solÃa tomar alguna vez. El piloto nos hizo beber a los cuatro vascos y al timonel un poco de lÃquido. Franz Nissen, indiferente a todo, con una brújula pequeña de mano, seguÃa en la rueda del timón.
A eso de la media noche sonaron dos golpes fortÃsimos en la puerta.
—¿Quién va? —dijo el piloto.
—Yo —contestó Silva el portugués.
—¿Qué queréis?
—Han matado al capitán. ¡RendÃos! No se os hará nada.
—Entregaos vosotros antes —contestó Tristán.
En este momento, alguien metió el cañón de la pistola por un ventanillo que tenÃa la puerta, y disparó un tiro adentro. Yo apagué el farol y quedamos a oscuras.
—Si os entregáis ahora, no os haremos nada —volvió a decir el portugués.
—Estáis borrachos —replicó el piloto—; mañana hablaremos.
—¡Ea, muchachos! —gritó el portugués—. Echad la puerta abajo. Traed un martillo.
Alguien fue por el martillo.