Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —¡Eh, vosotros! —volvió a gritar Tristán—; os advierto que estamos armados, que somos dueños de la santabárbara, y que hay tres toneles de pólvora. No os atacamos porque no queremos hacer una matanza inútil; pero tened en cuenta que podemos hacer saltar el barco.
La amenaza hizo su efecto. Silva mandó a uno de los suyos a que viera si nuestra cámara estaba cerrada, y cuando el otro volvió diciendo que lo estaba, murmuró:
—Estos bárbaros son capaces de todo.
Desde el ventanillo de la puerta oÃmos durante toda la noche los cantos de los marineros y la algarabÃa de los chinos.
Nos sustituimos para hacer la guardia; aunque nadie pudo dormir, estuvimos tendidos, descansando.
Comenzó a llegar la luz del alba. Debajo de la toldilla hacÃa un calor horrible; al amanecer, la abrimos para ventilarla un poco. No nos vigilaba nadie.
Como no se sentÃa ningún movimiento en la cubierta, salimos Arraitz y yo para darnos cuenta de lo que pasaba. Tristán el piloto no querÃa que entabláramos combate; pues aunque hubiéramos vencido al último, estando armados como estábamos y ellos no, hubiese sido a costa de mucha gente.