Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —No; no creo haberle visto nunca.
—Pero habrás oÃdo hablar de él.
—Poco.
—Pues MachÃn es hijo de un caserÃo de tu abuela. No sé si navegó un poco; pero si navegó, no le tomó gusto al oficio. Yo solÃa decir de él, cuando andaba vagabundeando por el pueblo, que era un lord Byron de taberna[239]. Juan MachÃn se fue a Bilbao y se confundió con los holgazanes y perdidos de baja estofa que pueblan de noche el barrio de Miravilla; pero, de pronto, el granuja inútil apareció como un hombre emprendedor; vino a Lúzaro, tomó las minas de Beracochea, y comenzó a explotarlas. A los cuatro o cinco años ganaba el dinero de una manera fabulosa. Ya machucho, a los cuarenta años, se ha casado con una señorita rica y remilgada, pero parece que está harto de su gazmoñerÃa. Los pescadores le odian porque anda rondando a las chicas guapas del barrio.
Respecto a lo que me dices de esa muchacha inglesa que es tu novia, no creo que se haya dirigido a ella; pero si tú ves que la importuna, dÃmelo a mÃ: yo le llamaré a MachÃn y le diré algo importante.