Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia ARDIDES DE GUERRA
Al ver a MachÃn de nuevo, comprendà que se habÃa declarado entre los dos una guerra a muerte. Él, con su dinero y su influencia, podÃa hacerme mucho daño; yo tenÃa de mi parte a casi todos los pescadores y marineros dispuestos a defenderme.
No era fácil que mi enemigo me cogiese desprevenido como la otra vez; contaba con una policÃa espontánea que vigilaba mis pasos.
Mi madre estaba deseando que me casara cuanto antes, pero habÃa que pedir dispensa por razón de parentesco; en la fe de bautismo de Mary aparecÃa como hija legÃtima de Juan de Aguirre y Lazcano[248].
Un dÃa, al volver a casa, me encontré con que habÃan dejado un bulto para mÃ. Era una caja de unos veinte centÃmetros en cuadro, muy empaquetada y llena de sellos de lacre.
—¿Qué es eso? —me dijo mi madre.
—No sé.
—¿Has pedido algo?
—Yo, no.
—Pero ¿esperas alguna cosa?
—Ninguna.
Desaté el paquete, le quité el papel, y apareció una caja de metal con su asa, y en ésta una llave sujeta por un cordón. En la tapa, en una banda de papel pegada, ponÃa: «Muy reservado. Para abrirla a solas».
