Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —Hoy —terminó diciendo el atalayero—, después de discutir los patrones, tuvieron en la votación una mayorÃa de pocos votos los partidarios de salir. Muchos de los que habÃan votado por la salida, al ver el cariz del tiempo, concluyeron por quedarse.
La mañana iba poniéndose cada vez peor. El viento soplaba furioso; las olas, como montes, subÃan por las rocas, llegaban hasta las casas, arrancaban puertas, arrastraban todo cuanto encontraban.
Llegaban rÃtmicamente, entraban por las ventanas de la atalaya, nos llenaban de agua al viejo atalayero y a mÃ, y salÃan por la escalera de piedra con un ruido de catarata. Algunas veces golpeaban la pared del cobertizo de tal modo que parecÃa que un puño revestido por un guantelete de hierro llamaba con fuerza.
El aspecto del mar iba siendo cada vez peor. Según dijo el atalayero, quedaban aún cuatro lanchas fuera del puerto.
Vi cómo se acercaban dos en medio de las olas. El atalayero, con la bocina, les mandó pararse, y, cuando vio la ocasión propicia, gritó: ¡Avante!
Las dos lanchas, danzando en el agua, desapareciendo entre las espumas, se acercaron a la barra, atravesaron las puntas y entraron en el puerto.