Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia »Tu marido y tú tendréis seguramente la idea de que soy un hombre perverso y dañino. No he podido ser otra cosa; todo el mundo me hizo sufrir cuando era un miserable; yo he contestado haciendo sufrir a los demás cuando he sido poderoso.
»La bondad es la fuerza de los privilegiados. La envidia y la tristeza del bien ajeno son enfermedades del espíritu. Los que han luchado y se han agitado en los antros donde se muerden los pestíferos están contagiados.
»No todo el mundo puede ser sano, ni todo el mundo puede ser bueno. Yo aún no lo puedo ser, y como no lo puedo ser, al enviarte esta dote a ti, hermana mía, para que puedas vivir con tu marido, pienso que ésta es mi venganza, la venganza del abandonado, la venganza del sarnoso contra el sano, la venganza del miserable con el descendiente de la familia considerado y mimado.
»Adiós, querida hermana. Felicidades.
»Juan»[257].
Al escribir esta carta se veía que Machín habla arrugado el papel y lo había mojado con sus lágrimas.
Machín, nuestro enemigo, se convertía en nuestro protector y nuestro pariente.
