Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —Entonces, ¿quieres que yo se lo diga a la señora para ver qué decide?
—No, no. ¡Ay, ené!
—Pues, ¿qué vas a hacer? ¿Adónde vas a ir?
—No sé.
La Shele miraba el suelo y suspiraba. Las lágrimas corrÃan por sus mejillas.
Yo, algo impaciente, me levanté y la dije:
—Nada, tú decidirás. Yo ya te he indicado lo que te puede pasar. No sé qué aconsejarte.
La muchacha suspiró más fuerte, y viendo que me disponÃa a salir, me detuvo.
—No, no me deje usted.
—¿Qué quieres que haga?
La Shele pensó un momento, y dijo:
—¡EscrÃbale usted al señorito Juan!
—Le escribiré, pero va a tardar mucho en saber la noticia. Si ha salido de Cádiz, hasta dentro de un año no vamos a poder tener noticias suyas.
—Entonces dÃgale usted a la señora lo que me pasa. A ver qué quiere hacer conmigo.
La pobre muchacha me dio lástima. Se entregaba a su suerte adversa, como un cordero que llevan al sacrificio.