Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia —Eso es. Es verdad.
—¿Y qué dijo MachÃn al oÃrle contar a usted esto?
—Se puso como un loco. Lloraba desconsolado. ¡Pobre madre, lo que la hicieron sufrir! —murmuró varias veces; luego dijo, con voz iracunda—: Ahora le pegarÃa fuego al pueblo entero.
Después, más tranquilizado, me pidió que le dijese cómo era; si se parecÃa a él, si no se parecÃa; y cuando yo le indiqué que su padre se habÃa portado mal, replicó:
—No, no; él tampoco tuvo la culpa.
Me habló de que por tu mano habÃa recibido un manuscrito de su padre, y prometió enviármelo.
—¿Y se lo envió a usted?
—SÃ; lo he leÃdo ya; por cierto que no sé qué hacer con él. Creo que tú eres el más indicado para guardarlo. De manera que llévatelo.
Cogà el manuscrito, lo llevé a casa y comencé a leerlo en seguida[267].