Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia En una de ellas encontré, por mi desdicha, a Tristán de Ugarte, que ha sido para mà uno de esos hombres providencialmente funestos, seres reclamos del mal que se ponen en el camino para arrastrarnos al vicio y a la ruina.
Ugarte estaba de piloto en un barco negrero; se habÃa marchado de él hacÃa unas semanas, y llevaba una vida de riñas y francachelas. Se hallaba cansado del mar, de la vida agitada del barco negrero, y querÃa recalar en un rincón y pasar unos años carenándose[276].
Yo le dije que a mÃ, por el contrario, me faltaba la vida agitada como la que llevaba en el Asia con sir Wilkins; batirme todos los dÃas, pasar a cuchillo al que se me pusiera por delante, y morir cualquier dÃa de un balazo en la borda de un barco.
—Hombre, vamos a hacer una cosa —me dijo él.
—¿Qué?
—Vamos a cambiar de destino y de estado civil. Tú te vas al negrero y te llamas Tristán de Ugarte; yo…
—No puede ser —repliqué—. En el barco en donde yo estoy no te van a tomar con mis papeles y con mi nombre.
—No importa. Yo no pienso ir a tu barco. Voy a comprar unas tierras en Filipinas, y me gustarÃa usar tu nombre mejor que el mÃo.
—Entonces, sÃ.