Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia Aterramos en una playa desierta, próxima a un pueblecito que tenía su puerto.
Yo había oído decir que en algunos puntos de Escocia y de Irlanda comen esas algas que se llaman laminarias[300], y era tal nuestra hambre, que intentamos tragarlas; pero fue imposible.
Allen encontró unas lapas y nos llamó. Fuimos arrancándolas con la punta de la lima, y esto nos sirvió de comida para todo el día.
Decidimos encallar el bote y pasar la noche en tierra. No quisimos entrar en el pueblecito con aquellas trazas, y subimos por el arenal, y escalando unas dunas, sin que nos viera nadie, nos metimos en el cementerio de la aldea, y tendidos entre dos sepulcros, resguardados del viento, pudimos descansar y dormir.
A media noche nos despertamos de hambre y de frío. Nos levantamos, salimos del cementerio y echamos a andar.
—Vamos al pueblo —dijo Ugarte— a ver si encontramos algo que comer.