Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia LA CASA HOSPITALARIA
Se nos había hecho de noche a cuatro millas de Wexford[307]. Entramos en una aldea y llegamos hasta la posada a pedir alojamiento. La posada era una casita pequeña, retirada de la carretera, con un arco en medio, sobre el cual se balanceaba una muestra que representaba un delfín de colores chillones. A los lados del arco había dos ventanas y debajo de ellas dos bancos de piedra.
La posadera, una mujer enérgica, nos dijo que tenía el establecimiento lleno y no podía alojarnos. Conseguimos que nos diera de cenar, por la insistencia de Allen. Luego, mientras nos servía la cena, nos preguntó:
—¿Qué son ustedes?
—Marinos. Hemos naufragado en la costa hace ocho días y venimos andando.
—Si son ustedes marinos, vayan ustedes a casa del capitán Sandow. Allí les aceptarán.
—¿Quién es el capitán Sandow? —pregunté yo—. ¿Un militar?
—No; es un antiguo capitán de barco. Un viejo loco que vive con su hija. Otras veces ha alojado en su casa náufragos.
Salimos de la posada en compañía de un chico, que nos fue acompañando.
