Las inquietudes de Shanti Andia

Las inquietudes de Shanti Andia

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Casi todos los años, en cierta época, se internaban tierra adentro y hacían una expedición de un par de meses para robar negros susús. Al llegar a una aldea negra, la rodeaban durante la noche, y a una señal dada comenzaban a tirar tiros y a dar gritos. Los desdichados negros se asustaban, echaban a correr y los moros los iban cogiendo como conejos. Estos negros, formados en caravanas, los vendían a los comerciantes de esclavos, que los llevaban a Fez, Marrakesh y Tafilete[322].

Era difícil comprender cómo Ryp y Van Stein habían llegado a dominar a aquellos bandidos moros, crueles y cobardes; pero la verdad es que los tenían en un puño. Los moros nos hubieran hecho pedazos con mucho gusto, pero Ryp nos protegió. El cocinero supuso que Allen tenía la indicación exacta de dónde se encontraba el tesoro, y mandó registrarle; pero no se le encontró nada. Entonces quiso pactar con él y convinieron en que, si Allen encontraba los cofres enterrados, se hicieran dos partes: una para ellos, otra para nosotros.

Allen, tan pronto decía que sí como decía que no. Había llegado a dar más importancia al tesoro que a su vida.

—¿Quieres que te diga dónde está el tesoro, para quedarte con él y luego matarme? —solía decir por la noche—. No, hijo mío, no.


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