Las inquietudes de Shanti Andia
Las inquietudes de Shanti Andia LAS INDIGNACIONES DE SHACU
Recalde, Zelayeta y yo ingresamos en la Escuela de Náutica. Hubiéramos preferido ir, como los chicos del muelle, a pescar con algún viejo marinero: pero no podÃamos. Eramos vÃctimas de nuestra posición elevada. Si querÃamos ser marinos de altura, tenÃamos que estudiar, y, para nosotros, el ser pilotos de derrota constituÃa una gran superioridad.
Afortunadamente, después del curso con don Gregorio Azurmendi, que nos explicaba matemáticas vestido de frac y corbata blanca, llegaron las vacaciones de verano. Yo no podÃa hacer grandes escapadas, porque estaba vigilado; pero algunas veces me fui a pescar chipirones[54] y jibias con un pescador, fuera de las puntas. Mi madre se alarmaba tanto, que me quitaba todos los alientos.
—No se qué vas a hacer cuando me embarque —le decÃa.
—Entonces, ya veremos.
Como tenÃa tantas dificultades para andar en lancha, decidimos Zelayeta y yo comprar un barco de juguete para ver cómo se hacÃan las maniobras, y fuimos los dos a casa de Caracas, que era el maestro constructor de aquella clase de barquitos. Los chicos le considerábamos a Caracas como un ingeniero naval admirable, y pensábamos que lo mismo que un modelo harÃa una fragata.