Locuras de Carnaval
Locuras de Carnaval Por entonces, los artículos del cronista destilaban bilis. Sus pinchazos a derecha y a izquierda producían sangre. Los políticos, los escritores y los cómicos estaban expuestos continuamente a sus picaduras de cínife. Se le temía porque daba con habilidad en el blanco.
Quizá se iba acercando a atacar de una vez a Pura Doni como artista y a marearla con sus ironías y sus impertinencias.
Esperaba, sin duda, la ocasión de un estreno o de otro suceso teatral en que ella interviniese; pero la ocasión no se presentó.
Al terminarse la temporada en Madrid, se dijo en los periódicos que Pura Doni iba a provincias; pero no fue.
Al final del verano se supo que la tiple se había retirado de la escena y se había casado con el industrial. Había ido a vivir a un pueblo del Norte.
A Golfín se le escapaba la presa. Era una de las mayores derrotas de su vida. Al menos, en otros casos había tenido el placer de la venganza; pero aquí no había ni esta compensación. La ira y la cólera le hicieron por entonces ser más agresivo que nunca. En el político o en el cómico que mortificaba con sus alfilerazos creía ver un defensor de Pura Doni y de su marido.