Locuras de Carnaval

Locuras de Carnaval

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hay que ver a Don Tancredo

subido en el pedestal.

El aludido se separó del pelmazo y fue en dirección de la puerta.

Eran ya las dos y media de la mañana, y el doctor hizo la pregunta de si no les parecía a todos oportuno tomar un tentempié. Se aceptó la idea y salieron de los envoltorios bocadillos de jamón y de foie-gras y pasteles. Isasi y el doctor comenzaron a abrir botellas de champán y a servirlo. En la platea de al lado se hacía lo mismo y se invitaron y se pasaron de un palco a otro pasteles y botellas.

Dorronsoro, al tender la copa, comenzó a cantar el brindis de La Traviata: «Libiamo ne’lieti calici.»

Isasi vio a su amigo el teniente Quirós, con su nariz postiza, que le miraba con ansia.

—Sube —le dijo—. Lo que hay será para todos. Pero aquí no se hacen locuras. Nosotros somos personas formales.

El teniente no se hizo rogar y, poniendo las manos en el borde de la platea, de un salto se metió en ella. La cupletista y las bailarinas del otro palco aplaudieron.

—Oye —le dijo Quirós a Isasi—, ¿me permites que diga al doctor Bermejo, que es médico militar y amigo mío, que entre en el palco si no os estorba?

—Sí, hombre; que entre también.


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