Locuras de Carnaval

Locuras de Carnaval

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—No —repuso riendo doña Claudia—. Conozco al mayordomo de una marquesa que ha pagado los gastos de la vida y de la educación del muchacho.

—Pero ¿es que el chico ese es de la aristocracia?

—Sí, por la mano izquierda. Hace unos cuarenta o cincuenta años vivió aquí en Madrid una María Luisa, austríaca o húngara, que estaba enredada con uno de la embajada. Tenía un apellido como Kasinky o cosa por el estilo. Esta mujer tuvo amores después con un pollo madrileño, Alfonso Santovenia, y de sus amores nació Luisa Santovenia. Luisa Santovenia figuró entre la juventud de hace treinta años; era muy bonita; se casó, se separó del marido, anduvo de mala manera, se enredó con un tipo jugador y calavera, Pepe Ruiz Portocarrero, también hijo natural, y nació este chico, Adolfo Ruiz Santovenia. El Pepe Ruiz, que era un trapisondista completo, fue cómico y empresario y murió en la miseria. La Santovenia murió también. El padre de Pepe Ruiz, que era un chulo andaluz muy conquistador, se casó con una peinadora y tuvo dos hijas: la Pepa y la Ángeles.

—Malos antecedentes de familia tiene el joven Adolfo.

—¡Figúrese usted! Con lo que había corrido la madre y con el padre alcohólico y medio loco.


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