Los caminos del mundo
Los caminos del mundo INTENTO DE DUELO
Al dÃa siguiente llegamos a Carlsruhe, ciudad muy amplia, hermosa, que forma un semicÃrculo, con calles que irradian del centro como las varillas de un abanico. Parece que la construcción de esta ciudad se debe al capricho de un margrave.
Vimos la magnÃfica plaza central que hay delante del palacio del gran duque de Baden, donde dicen que pueden evolucionar con facilidad hasta ochenta mil soldados.
El interior del palacio se asegura que es admirable; pero nosotros no tuvimos el gusto de ver más que los jardines.
Después del paseo matinal fuimos a comer a una posada llamada Rothes Haus, la Casa Roja.
El amo y el ama se sentaron a la mesa con los huéspedes y nos trajeron una comida bastante mala, en la que figuró la choucroute, cosa que me pareció horrible.
Aviraneta y Riego trabaron conversación con un mayor holandés, el mayor Witkamp, y este se puso a decir pestes de los católicos, y sobre todo de los españoles. Eramos el paÃs de Felipe II y del duque de Alba, de los inquisidores y de los matadores de judÃos.
