Los caminos del mundo
Los caminos del mundo Este francés, sin que se le encomendara misión alguna, afirmó que el alemán y yo habíamos concertado un duelo y que estaban nombrados lis padrinos. El duelo se verificaría en el jardín del hotel.
Salimos al jardín el alemán y yo; Riego y Aviraneta me siguieron. El francés, no se sabe de dónde, sacó dos sables, y me entregó uno a mí y otro al alemán. Luego intentó ponernos frente a frente.
El alemán, que no se había enterado hasta entonces de qué se trataba, y que creía quizá que íbamos a darnos de puñetazos en el jardín, al ver lo que le proponían cogió el sable, lo tiró al suelo, lo pisoteó con furia, nos insultó a todos en su lengua y se marchó.