Los caminos del mundo
Los caminos del mundo Por la tarde, acabábamos de volver de nuestro paseo cuando oímos un redoble de tambores. Nos asomamos a la ventana. Había un gran tropel de gente en la calle. Bajamos a la puerta de la fonda para informarnos del motivo de tanto alboroto y vimos que todo el mundo salía de sus casas, los unos con picas, otros con pistolas, otros con sables y escopetas, y echaban a correr. Algunos estudiantes cantaban, con un aire parecido al God save the King de los ingleses, un himno cuya letra comenzaba así:
Heil dir im Siegerkranz,
Herrscher des Vaterlands,
Heil, Kaiser, dir!
palabras que parece quieren decir: ¡Salve, coronado de victoria! Soberano de la patria. ¡Salve, César!
Estos preparativos y estos cantos nos hicieron pensar si los franceses habrían pasado el Rin de nuevo y si vendrían a atacar las pocas tropas que estaban allí acantonadas. Como no entendíamos nada de cuanto entre sí decían aquellas gentes y las veíamos armarse con tal precipitación, nos encontrábamos inquietos.
Nos reunimos en la calle con el dueño de la posada, y este nos dijo que tales preparativos eran para recibir al gobernador o comandante del reino de Westfalia, príncipe alemán que iba a entrar momentos después en Colonia.