Los caminos del mundo
Los caminos del mundo UN PAÍS TRANQUILO
DESDE Colonia hasta la entrada de Holanda pasamos Dusseldorf, Arnhem y Münster, y de este pueblo, notable por sus anabaptistas, tomamos el camino de Zwolle, que nos dijeron era el mejor.
Íbamos en una silla de posta abierta. Hacía un frío terrible; el camino estaba cubierto de nieve y tenía no solamente agujeros y baches, sino verdaderas lagunas de más de una vara de profundidad, en parte heladas y en parte, no.
En los sitios donde el hielo se hallaba compacto, los caballos corrían por encima fácilmente; pero donde se encontraba roto y a medias fundido, se hundían las ruedas y era muy difícil salir del atranco.
Afortunadamente, los caballos eran buenos y el cochero muy hábil. Gracias a esto pudimos salir con fortuna de aquellos malos pasos.
Después de la silla de posta tomamos un carro y, molidos por el traqueteo de cincuenta horas de camino, llegamos a Zwolle, pueblo de Holanda, a no mucha distancia del golfo de Zuiderzee.
Zwolle es un pueblo muy limpio, de calles rectas. Preguntamos si podríamos encontrar barco para Inglaterra en el Zuiderzee, y nos dijeron que probablemente no lo encontraríamos. En vista de esto tomamos asiento en la posta para Utrecht, con la idea de ir a La Haya, en donde nos dijeron hallaríamos con seguridad transportes.
