Los caminos del mundo
Los caminos del mundo JURA DE LA CONSTITUCIÓN
SE puso el Vulcano en franquÃa, enderezó el rumbo a Inglaterra, y a las diez o doce horas de navegación, después de marearnos todos, pasamos las corrientes del Canal de la Mancha y entramos en el Támesis.
Estuvimos en Londres sólo unas horas; Riego se quedó allÃ, donde formó un cuerpo militar con muchos refugiados españoles, y volvió a la penÃnsula meses después.
Aviraneta, Ganisch y yo tomamos pasaje para España en un paquebote, en donde iban únicamente treinta y tantos pasajeros. La navegación fue feliz y el tiempo bueno.
Al acercarnos a La Coruña, al pasar por delante del castillo de San Antón, se levantó de improviso una racha de viento favorable, que aprovechamos para acercarnos a la ciudad; con el anteojo veÃamos a la gente que se agolpaba en el paseo de la Alameda. Luego el viento se nos puso de proa y creÃamos que no podrÃamos pasar. Asà estuvimos un cuarto de hora, al cabo del cual cambió el viento, y entramos en el puerto a las tres y media.
El muelle y el paseo estaban ocupados por una multitud que nos recibió con aclamaciones y aplausos.
Bajamos y fuimos a una posada de la calle Real.
