Los caminos del mundo
Los caminos del mundo El plan estratégico sería el siguiente: Renovales daría el primer grito y se lanzaría a ocupar Vizcaya y Guipúzcoa; Mina bajaría a Navarra, entrando por Valcarlos o por Vera; ocuparía Pamplona, se reuniría con el regimiento de San Marcial y llegaría a Zaragoza. Al mismo tiempo, Miláns, Lacy Copóns, después de haber sublevado Cataluña, bajarían hacia el Ebro y, unidos con las fuerzas del Norte, se acercarían a Madrid, que se sublevaría con O’Donnell, Eroles y Sarsfield.
La cosa, presentada así, parecía factible; pero había muchos puntos oscuros que aclarar.
Renovales aceptó lo que se le dijo, mirándonos a todos nosotros con expresión fiera y bravía. Se le pidió que citara nombres de amigos de Madrid con los cuales se pudiera contar, y, paseando por el cuarto como un lobo en la jaula, dijo cincuenta o sesenta nombres.
Ya íbamos a despedirnos del general, cuando una observación de Téllez, el amigo de Mina, le enfureció de tal manera, que se encaró con él y comenzó a interpelarle con su voz bronca y dura.
Era un espectáculo como presenciar una tormenta oír a aquel hombre tan violento, tan brutal. Sus amenazas se convertían en su boca en algo espantoso. Tenía una muletilla constante, y era esta: «¡Cristo! ¡Ya se acabó la Humanidad!». Otras veces, en vez de ¡Cristo!, decía ¡hostias!