Los caminos del mundo
Los caminos del mundo —Nada, Allá va eso.
La cuerda pasó de nuevo por encima de nuestras cabezas y la cogimos al aire.
Atamos este otro extremo en el balcón y Arquez y yo saltamos fuera del barandado y pasamos. Yo llevaba colgada al cuello la linterna, encendida y herméticamente cerrada. Llegamos fácilmente al árbol, bajamos por el tronco y avanzamos por el claustro, alumbrados por un hilo de luz de la linterna, hasta la puerta que daba a la plaza de la Cruz Verde. Quedamos allÃ, mirando por las rendijas, esperando.
A la una menos minutos apareció la gente de los dos triángulos sospechosos. VenÃan embozados y no pudimos conocer quiénes eran. Poco después se presentaron los de la Ronda y se echaron sobre ellos.
La sorpresa de unos y otros fue grande. Vimos claramente que se entendÃan y estaban de acuerdo.