Los caminos del mundo
Los caminos del mundo LA VENGANZA
QUEDÓ todo a oscuras; en aquel momento yo no supe lo que pasó; luego me dijo Aviraneta que él y el Majo habÃan sujetado con dos cuerdas a Magaz y a Freire, atándolos en un momento, con la ayuda de MarÃa.
Después de un ruido ahogado de voces y patadas, en que se oyó cerrar una puerta, Aviraneta, con voz tranquila, dijo:
—A ver si pueden ustedes encender una vela.
—¿Pero qué ha pasado? —murmuró el fraile, temblando.
—Nada; no ha pasado nada. Que yo he bebido demasiado de este aguardiente y no me sostienen bien las piernas y he caÃdo sobre la mesa.
—¿Y Magaz y Freire?
—Se han escapado; tropezando con todo el mundo. Yo no sé lo que han creÃdo.
—Yo también me voy.
—Espere usted que encendamos una luz; no vamos a poder bajar las escaleras si no.
—No; me voy ahora mismo, sin luz.
—Usted quédese en el portal —me dijo Aviraneta.
