Los caminos del mundo
Los caminos del mundo EL CHÂTEAU DES AUBEPINES
DURANTE una larga temporada no se oyó hablar entre los españoles prisioneros del depósito de deserción alguna. Al mismo tiempo, los asuntos del Imperio iban bien, y el Gobierno francés ordenó se nos tratara con más dulzura que al principio.
Se nos dieron licencias para salir al campo. Al terminar la primavera de 1812 estuvimos Ribero y yo invitados a pasar unos días en una finca de los Montrever: el Château des Aubepines.
Ribero se las prometía felices; pensaba que íbamos a hacer le diable à quatre, como dicen los franceses: la de Montrever, la de Hauterive, él y yo. Yo, algo contagiado con su plácido cinismo, le dije que no se hiciera ilusiones, y él contestó:
—Tú déjalo a mi cuenta.
Hicimos el viaje, acompañando a monsieur de Montrever, a su mujer y a sus hijos y a madama de Hauterive.
Ribero y yo íbamos a caballo escoltando el coche.
El tiempo estaba espléndido.
Teníamos que cruzar la Bresse. La Bresse es una antigua región que formaba en otro tiempo parte de la Borgoña. Es tierra de llanuras calcáreas, que se interrumpe con los primeros macizos montañosos del Jura. Había llovido algo, y esto nos evitó en el viaje el polvo del camino.
