Los caminos del mundo
Los caminos del mundo Antoine, el mozo, me daba noticias, recogidas en la calle, del avance de los enemigos y de sus supuestos planes. A mà me preocupaban más los proyectos de los franceses.
—¿Qué harán con nosotros, con los emigrados? —le preguntaba.
—Unos dicen que les van a obligar a ustedes a salir de Chalon; otros, que les dejarán aquà para impedir que los aliados hagan daño en la ciudad.
En medio de esta confusión yo seguà en mis trabajos para agenciarme caballos. Aviraneta me decÃa que me esperaba.
En vista de los muchos obstáculos y de los nuevos acontecimientos consulté con madama de Montrever.
Ella era de la opinión que aguardara la llegada de los ejércitos monárquicos.
Esto le parecÃa lo más prudente.
Escapándome por un camino por donde se iban a retirar todas las partidas de tropas y gendarmes que abandonaban los puntos de la frontera me exponÃa a ser preso.
Madama de Montrever suponÃa que en este caso lo pasarÃa malamente, pues las fuerzas fugitivas traerÃan un espÃritu natural de venganza contra los extranjeros.
—¿Y usted qué cree que debÃa hacer? —le dije.