Los caminos del mundo
Los caminos del mundo LA SALIDA DE CHALON
UNA tarde, al anochecer, estaba contemplando a través del cristal la nieve; había perdido casi toda esperanza de salir de Chalon, cuando se presentó en mi casa Aviraneta, como días antes, vestido de cura.
Habló con mi patrona y entró en mi cuarto. Me recriminó por mi tardanza en salir del pueblo, y yo fui explicándole las dificultades con que tropezaba.
—Bueno; vamos a hacer una intentona —dijo él—; ven a cenar conmigo.
—¿Y qué hago con mis cosas?
—Déjalas aquí, o di que las recoja alguna persona conocida.
—Bueno. Pero tendré que avisar a la patrona.
—No; no avises nada. Dile solamente que hoy cenas conmigo y que vendrás muy tarde.
Lo hice así; salimos los dos y nos fuimos a la fonda. Cenamos, y después Eugenio me llevó a su cuarto, cogió una maleta, sacó del interior un vestido negro de mujer y lo extendió sobre la cama.
—¿Para qué es eso? —pregunté.
—Para ti.
—No me lo pongo.
—Ya lo veremos. Es sólo para salir del pueblo; inmediatamente que estemos fuera te lo quitas.
—¿Pero cuándo vamos a partir?
