Los caminos del mundo
Los caminos del mundo UNA ANÉCDOTA IMPORTANTE ACERCA DE CALVINO
NOS levantamos al otro dÃa temprano y salimos de Nyón en el mismo trineo en que habÃamos llegado.
El camino hasta Ginebra pasa a orillas del lago Leman; pero habÃa una niebla tan espesa que apenas se veÃa. Este camino debe de ser muy hermoso, pues está rodeado de un sinnúmero de hoteles y jardines.
HacÃa un frÃo inaguantable, que nos obligó a pararnos dos o tres veces y a entrar en las casas a calentarnos las manos y los pies.
Al llegar a Ginebra, un oficial austrÃaco nos pidió los pasaportes, y al leer el mÃo me abrazó y me dio dos besos en la mejilla y en la boca. Yo, avergonzado, no sabÃa qué hacer ni qué decir.
—Te ha tomado por alguna chica disfrazada —me dijo irónicamente Aviraneta.
—Si me besa a mà asÃ…, lo mato —exclamó el bruto de Ganisch.
Fuimos a la posada del Escudo de Ginebra, y al ir a recoger nuestros pasaportes, el comandante de la plaza me dio boleta para ser alojado en una casa de la Treille, que tenÃa un mirador a este paseo.
