Los caminos del mundo
Los caminos del mundo EL PLACER DE VER A UN REY GUAPO
LLEGAMOS a Basilea a las siete de la mañana y no pudimos encontrar sitio donde meternos por estar las posadas llenas de gente.
Corina tenía amigos allí y fue a dormir a casa de uno de ellos.
Nosotros, después de haber corrido fondas y posadas, paramos en una, llamada La Cabeza de Oro, donde nos dieron un cuarto para nosotros tres y un alemán. No había más que dos camas en el cuarto, y estas muy estrechas y pegadas una a la otra; así que tuvimos que dormir como si estuviéramos en formación.
El motivo de haber tanta gente en Basilea era el encontrarse allí el cuartel general de los emperadores de Rusia y Alemania y el del rey de Prusia, y un sinnúmero de tropas que se preparaban a entrar en Francia. Todas tenían que pasar por el puente que hay en esta ciudad sobre el Rin.
Es imposible explicar la confusión y laberinto de Basilea en aquel momento; no se podía andar por las calles.
Se hallaba uno expuesto a ser atropellado continuamente por los innumerables coches de generales y de príncipes, que no cesaban de pasar de una parte a otra, y por caballos de cosacos y edecanes, que iban al galope.
