Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte Había habido un tipo, en el hotel, curioso, pero ya meses antes se había marchado. Se trataba de un alto empleado, funcionario modelo, que vivía solo y llevaba una vida metódica y severa. Recibía con frecuencia cartas por correo neumático, telegramas, y era llamado también a menudo a la cabina telefónica del vestíbulo para celebrar largas conferencias. Todo el mundo le consideraba mucho, ignorando quién era ni qué cargo ocupaba, y hablaban de él como de un hombre modelo. Se le tenía por un tipo correcto, perfilado, puntual a las horas de las comidas y se le elogiaba siempre.
Poco tiempo después se vio complicado en un proceso y de la noche a la mañana desapareció del hotel. Entonces fue cuando se supieron el nombre y apellidos verdaderos del señor. Durante algunas semanas hubo un gran silencio sobre él.
Nada se decía de su paradero, no se sabía si lo habrían detenido o si estaría en libertad. Cuando ya empezaban a olvidarlo, apareció en algunos periódicos la noticia de que habían encontrado su cadáver en una casa misteriosa de cierta calle de un barrio apartado. El motivo de su muerte se hundía en el misterio, pero, al parecer, lo habían asesinado. Se descubrió entonces que aquel funcionario ejemplar de vida tan metódica y severa, aquel al que todo el mundo citaba como un hombre modelo, era un invertido y llevaba una doble vida con tanta habilidad que jamás había sospechado nadie de él.