Los pilotos de altura
Los pilotos de altura LA TABERNA DE ALTONA
DESPUÉS DEL ENCUENTRO con el barco abandonado en que apareció el negro Commoro, nos cogieron días malísimos, hasta la recalada del cabo Lizard[80], de Inglaterra.
Seguimos barajando la costa, a poca distancia de ella.
Cuando llegamos a la altura de Ámsterdam principiaron los vientos contrarios y una niebla muy densa; después empezó a nevar. Así estuvimos varios días, con un frío espantoso, siempre con la sonda en la mano, mojados y echando la nieve a paletadas. Por fin llegamos a Hamburgo, y comenzamos la descarga. Oyarbide se marchó en seguida a la ciudad a casa de una señora que, según decían, era amiga suya.
Con la policía tuvimos algunos tropiezos. Un gabarrero de mala sangre, un alemán, morenito y agrio, se empeñó en desesperarme. Le daba yo la nota de lo descargado, y él cogía el papel, decía unas palabras insultantes en alemán y lo tiraba al agua.