Los pilotos de altura

Los pilotos de altura

IX

LA TÁCTICA DE CHIMISTA

ESTUVIMOS CHIMISTA Y YO más de un mes sin encontrar barco en que navegar. Yo me había quedado sin un cuarto en Hamburgo, y Chimista proveía.

Muchas veces discutíamos Chimista, Tricu y yo. Chimista decía con frecuencia: «Yo no encuentro dificultades en la vida. Yo hago lo que quiero».

Daba a entender que los obstáculos no eran nada para él.

Como a mí siempre las bravatas me han parecido ridículas, se lo dije.

—¡Pero, hombre! —contestó él—. Yo digo que no hay obstáculos, y si los hay, que no valen la pena para convencerme. Si vas a hacer un viaje peligroso con la idea de que todos han de ser obstáculos, percances, naufragios, enfermedades, ¿qué espíritu vas a tener? Hay que pensar lo contrario: creer en el éxito. Si a una mujer que te gusta le dices: «Viviremos medianamente, aunque quizá con el tiempo nos cansemos uno de otro», no la arrastrarás. Hay que creer en el éxito y decir a todo que sí[85].

Éclair! Éclair! ¡Adelante! ¡Adelante! ¡Hurra! —dijo Tricu, mirándome y riéndose[86].

Le pedí de nuevo explicaciones a Chimista sobre esta frase.

—¿Qué quiere decir eso? —le dije.


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