Los pilotos de altura
Los pilotos de altura PETULANCIA DE CHIMISTA
HALLÁNDONOS CERCA DE LA ISLA de Fernando de Noronha[134], isla volcánica, con un pico piramidal de unos seiscientos pies de altura y un volcán submarino que echa un surtidor de agua como una ballena, el vigía cantó buque a babor.
Era un bergantín de guerra inglés; nos dio caza hasta el anochecer. Chimista mandó aflojar los estays y luego ordenó cambiar [a] varios grupos de negros, llevándolos dentro del sollado hacia la proa.
Echamos la corredera; el buque andaba una milla más que antes. Cargamos el barco de velamen y pudimos alejarnos del inglés hasta que se echó la niebla encima.
El buque se acercó a nosotros; estaría a una milla escasa, y no se le veía. Entonces, entre la niebla, oímos la voz del capitán inglés, que nos preguntaba con la bocina:
—¿Se puede saber el nombre de ese barco?
—No —contestó Chimista.
—¿Por qué?
—Porque no nos da la gana.
—¿Es que sois negreros o piratas?
—Idos a la m…
—Os voy a echar a pique ahora mismo.