Los pilotos de altura
Los pilotos de altura VIAJE EN LA «ALACRITY»
PASÓ UNA SEMANA; se celebró consejo de guerra en el palacio. Los magistrados iban todos con peluca. Llegó la comisión mixta, formada por cónsules de varias naciones, vestidos de gran uniforme. Se leyeron nuestras declaraciones, y, al fin, el presidente de las pelucas, míster William Macaulay, un señor decorativo, de barba blanca, tocó la campanilla y dijo con solemnidad: «Condeno al bergantín portugués Leopardo, capitán Sousa, por dedicarse a la trata de negros, a ser deshecho y vendido en pública subasta».
Al día siguiente llamaron al capitán y le entregaron el papel de la sentencia; llegamos los de a bordo al palacio, y el comisario nos dio a cada uno un vale de una libra de carne y otra de pan diarios, durante cuatro meses. Así quedamos reducidos a la mayor miseria; teníamos que vender la mitad de las raciones de carne y de pan para comprar arroz, patatas, manteca y leña.
Al día siguiente de la condena del buque, los marineros de guerra dejaron pelado al Leopardo, llevando a tierra todo lo utilizable que pudieron transportar.
A las cuarenta y ocho horas de esto, se vendieron los enseres en pública subasta. Ya inútil el barco, lo llevaron a una playa lejana, le hicieron agujeros y lo dejaron embarrancado.