Los pilotos de altura

Los pilotos de altura

III

EN LA «URANIA»

POCOS DÍAS DESPUÉS DE RECIBIR LA CARTA de condena supimos varios que en Río Pongo, doce leguas al norte de Sierra Leona, había una fragata de los Estados Unidos, la Urania, lista para emprender un viaje a Baltimore. A este buque le faltaban cuatro marineros.

Otros tantos amigos, capitanes y pilotos, fletamos una canoa por ocho duros, llegamos a bordo y nos dio el capitán pasaje, trabajando por la comida.

El capitán se hallaba bastante enfermo, con calenturas; era un buen hombre, y cuando supo que mi compañero Echezarreta y yo habíamos mandado barcos, nos destinó a popa, reservándonos una litera y dándonos a cada uno un chaquetón y una elástica, y para la cama, trozos de velas viejas, usadas.

A pesar de que había que trabajar mucho, lo pasamos bien. El capitán nos trataba con consideración a los cuatro españoles, y al llegar al puerto nos gratificó a cada uno con tres libras esterlinas.

Treinta y cuatro días tardamos en llegar a Baltimore; nos presentamos aquí en el consulado español, y a los dos días nos colocamos en un bergantín norteamericano para La Habana. Después de la salida de Baltimore, padecimos un ramalazo del equinoccio, que nos desarboló los masteleros de gavia y el botalón del foque y nos dio mucho que hacer[170].


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker