Los pilotos de altura
Los pilotos de altura IDEAS DE LOS NEGROS
ESPUÉS DE ESTA VISITA volvimos a la aldea. Daba un poco de tristeza en aquel poblado negro, al anochecer, ver a los hombres, a las mujeres: unos trabajando, otros yendo con el cántaro por agua, a los niños jugando y gritando; todo quizá tan bajo, tan pobre, y, sin embargo, con el mismo carácter humano que un pueblo europeo.
—¿Y serán felices estos negros? —pregunté yo.
—¡Quién sabe! —contestó Chimista—. La gente parece más feliz cuanto más primitiva e ignorante. El niño es más feliz que el hombre; el negro, más feliz que el blanco[200].
—¿Asà que tú crees que el conocimiento trae la desgracia?
—Me inclino a creerlo; pero no quiero pensar, es cosa que entristece. Vamos.
Marchamos a la factorÃa y hablamos largamente.
—La verdad es que el negro no se diferencia mucho del animal —dijo Chimista[201].
—Ni el animal mucho del hombre —añadà yo.
—Tienes razón —aseguró él.