Los pilotos de altura

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II

LAS FANTASÍAS DE CHIMISTA

UNOS AÑOS DESPUÉS DEL NAUFRAGIO y de la aparición de Federico Temple en el palacio de Elguea, José Chimista, el hijo de la Pascashi, vivía con su abuelo en una casa estrecha y alta de pescadores, de la calle del Puerto; la Pascashi y su marido habían desaparecido del pueblo.

José Chimista, entonces un chiquillo, con el pelo rubio, delgado, de ojos azules, brillantes, oscuros, muy ágil, muy fuerte y muy atrevido, correteaba envuelto en harapos y con los pies desnudos.

El pequeño Chimista mostraba un aire de audacia y de decisión; fruncía el ceño para decir algunas cosas y miraba siempre de frente.

Le llamaban Cascazuri («Cabeza blanca»), por el color de su cabello. Este color rubio un poco rojo entre los pescadores es mal signo, indicio de hombre malo y atravesado.

Chimista andaba con todos los granujas del pueblo, y a veces iba con las lanchas de sardina y de bonito; pero todavía no servía para gran cosa.

Chimista capitaneaba a los chicos de la vecindad, y maravillaba a sus compañeros con sus historias, con sus ideas y sus fantasías. Era un chico misterioso, ocurrente, irónico y burlón; tiraba con ostentación unas tablas al agua.


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