Los pilotos de altura

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A veces, no le bastaba una intriga, y necesitaba dos o tres al mismo tiempo para encontrarse a su gusto. Esto le daba el aire loco. Era de los que tienen el aire loco y el juicio frío y sereno.

Para dar idea de la vida de José Chimista, transcribimos páginas enteras del Diario de navegación de su compañero[36]. Es lamentable que Embil hable más de sí mismo, y de su vida, y de sus proyectos, un poco vulgares, que de los planes y empresas llevados a cabo por su extraño camarada; cosa nada rara, porque los proyectos de su amigo probablemente no los supo hasta después de realizados.

Ignacio Embil no cuenta nada nuevo de la infancia de Chimista; al parecer, no le conoció de chico, aunque los dos eran del mismo pueblo. Embil, con cuatro o cinco años menos que Chimista, no fue amigo suyo en la niñez; únicamente oyó hablar de él como de un terrible calavera.

Una nota curiosa en el diario de Embil es que nuestro marino no se considera un aventurero.

«Yo no soy un aventurero —dice en una nota preliminar de su diario—; yo he sido solo un buen piloto y un hombre trabajador. Allí donde me puso la fortuna trabajé con todas mis fuerzas»[37].

En otra posición y en otro ambiente hubiera hecho lo mismo.


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