Los pilotos de altura
Los pilotos de altura EN CHARLESTON[58]
ESTUVIMOS ALGÚN TIEMPO EN LA HABANA, y, pasado este, encontramos colocación Chimista, el Vizconde, Tricu, Cigardi y yo en el brick-barca El Lince. Salimos del puerto de La Habana, y a los cuatro días llegamos a Charleston; descargamos y volvimos a Cuba con bocoyes de arroz.
Durante nuestra estancia en Charleston nos hicimos amigos de un capitán yanqui, católico, de origen francés. Nos invitó a su casa, donde conocimos a sus hermanas y a unas muchachas amigas de estas. El capitán Davantier nos propuso ir con él de pilotos a hacer la carrera a Madras y establecernos en Charleston. A mí no me parecía mal el proyecto; pero Chimista dijo: «Eso no vale la pena».
Él pensaba, y yo también, que el ser piloto o capitán de barco debía servir únicamente para brujulear y ver si se encontraba una ocasión propicia para pescar algo mejor.
En casa del capitán Davantier conocimos a dos muchachas inglesas, las señoritas Warden, Ana y Dolly las dos muy simpáticas.