Los pilotos de altura
Los pilotos de altura LA SUERTE DE CHIMISTA
CONCLUÍDA LA CARGA DEL BUQUE, marchamos Chimista y yo, de pilotos, con el capitán inglés John Butler.
El capitán Butler se mostró como un borrachín indecente; la intoxicación era un estado en él habitual y consuetudinario.
—Este hombre, en vez de llamarse el capitán Butler, debía llamarse el capitán Bottle, o sea el capitán Botella —dijo Chimista.
El capitán estaba constantemente borracho. No se podía contar con él para nada. Solía pasarse el tiempo en el camarote, tendido en la litera, y así hizo una porción de viajes sin ningún percance.
Era el capitán un hombre pequeño, rojo, con los ojos claros y la nariz encarnada por el alcohol. Chimista le despreciaba; hablaba entonces con desdén de los ingleses; para él eran torpes, pesados, sin gracia, llenos de ideas vulgares.
El capitán Butler no tenía afición al mar; quizá la bebida le había hecho indiferente, o quizá lo había sido siempre. No comprendo por qué ni para qué la gente se dedica a ser marino sin afición. Para andar por el mar hay que sentir afición. La gente sin valor, sin arrestos, se puede quedar tierra adentro, destripando terrones o vendiendo varas de cinta en su tienda.