El dolor paraguayo
El dolor paraguayo En medio de la incoherencia hostil de las cosas es cuando necesitamos saber mejor lo que queremos y cómo y con cuánta energía lo queremos. «Lo que constituye una fuerza, dice Barres, no es tan sólo la intensidad, es también la dirección». Podemos sentirnos débiles; a veces no es culpa nuestra. Razón de más para orientarnos obstinadamente. El horizonte está cerrado; nos ha de quedar, si no nos avenimos al naufragio, la brújula de la conciencia.
¿Y qué vemos por todas partes? Resignación.
Esta resignación morbosa prolonga desmesuradamente los períodos de abatimiento. Es una pereza del dolor que impide conocerlo y limitarlo. Es la misma pereza del placer que no conoce ni limita las condiciones de la prosperidad, y que haciendo embarcarse a las gentes en aventuras disparatadas, convierte las épocas de más feliz desarrollo en preludios de ruina. Los que tenían diez pidieron ciento para invertirlo en empresas cuyos riesgos no acertaron calcular, y ahora se estrellan contra las puertas cerradas de los bancos.