El dolor paraguayo
El dolor paraguayo La crisis no será un castigo, con tal que resulte una lección. El año 1907 fue un año terrible para los Estados Unidos. Los caminos de hierro pecaron allí, como aquí nuestros modestos comerciantes, por delirio de grandezas; megalomanía económica. Llegó un momento en que el papel ferrocarrilero fue rehusado; se suspendieron las obras comenzadas bajo los auspicios del colosal dividendo último; miles de obreros y empleados fueron arrojados a la calle; los pedidos a las fábricas disminuyeron bruscamente; los metales bajaron; las legiones de operarios hambrientos crecieron; los inmigrantes se volvían a Europa; los establecimientos bancarios vacilaron y una multitud enloquecida se precipitó a retirar sus depósitos. Este golpe no fue un castigo, fue una lección. «Un gran número de hombres y de organismos —dice Lévy— tenían verdaderamente necesidad de esta prueba para recobrarse, para desprenderse de la especie de vértigo por el cual esta poderosa comunidad se dejaba arrastrar».